20121027

Y pintó un cuento...


Serie Mares.
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"Jugaba a las escondidas en el medio del Océano. Podía estar largos minutos sumergido sintiéndose parte de ese mundo donde el azul no se decidía a ser celeste, blanco o transparente. Sólo el rojo de la quilla interrumpía imponente el vaivén de las olas, anunciando el paso de la embarcación que lo llevaría a conocer esas pequeñas chinches en un mapa de su niñez. Anastacio se llamaba el velero. Heredado de su padre con el nombre de su abuelo."



Mares 1/2012
Arte y redacción: Mariana Hernández
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20120909

Addicted to site


Este año, a mi larga lista de excusas para no hacer lo que siempre soñé hacer, en marzo (el 26, para ser más exacta) se sumó Pinterest. Ese sitio donde uno "pincha" cosas que le gusta o que quiere recordar, en un tablero virtual, armado según el propio gusto. Las temáticas son todas las que a uno se le ocurran, que no ofendan a los demás, desde ya. Y la consigna es "pinear" fotos estéticamente atractivas. No todos lo recuerdan. Lo que prendió en mí sobre este sitio fue la propuesta visual y la diversidad de temas de mi interés. Cuando apenas salió el sitio (al cual llegué no recuerdo cómo ya que ninguno de mis amigos lo conocía) leí que era una red social pensada más para mujeres. No me sentí identificada por la parte de recetas y cocina (aunque de a poco me fue ganando...) pero sí por la moda, el arte y el diseño. "¡Es como tener todas las mañanas al diariero con una revista nueva en la puerta de tu casa!", les decía a mis amigos con insistencia para que se insertaran en esa nueva red social. Asombroso.
En los últimos años, ese asombro por las cosas que encuentro en la web ha ido en un notable aumento, al punto que no hay mañana que no encienda mi PC (no tengo Mac en casa...) y navegue partiendo de un mismo punto (el sitio del clima primero, luego mis casillas personales) y comience a enlazar un sitio con otro, según por donde me lleve mi curiosidad o necesidad, hasta llegar al punto de mirar la hora, salir corriendo a arreglarme, tomar el transporte de rutina e ir a trabajar.

Una vez, en la combi, tuve este diálogo con el chofer, joven, muy joven, de apenas unos 30 años:

Yo: Jeri, ¿cuándo van a poner wifi en la combi?
Chofer: ¿Para qué querés wifi acá?
Yo: Para chequear mails, navegar...
Chofer: ¿Y para qué querés navegar y chequear mails?
Yo: Para no sentir que todos los días de mi vida, pierdo una hora a la ida y una hora a la vuelta.
Chofer: ¿No pensaste en leer un libro, escribir, dormir, charlar, tomar mate con nosotros, mirar por la ventana, contar autos de colores o pensar? ¡Mirá si tenés cosas para hacer!
Yo: O sea, no tienen pensado poner wifi.
Chofer: No.
Yo: Ok.

Llegada a la oficina, el ritual es más o menos el mismo pero aquí la ruta para navegar siempre comienza por la consigna del trabajo. Me informo, investigo, busco inspiración y una vez más la curiosidad me lleva por lugares impensados y descubro cosas que no recuerdo cómo las descubrí. La dependencia resulta tan deliciosamente grande, que todo momento en que se cuelga la red en la empresa o se corta el servicio en casa, luego de unos minutos infructuosos en que pruebo y compruebo, una y otra vez, que "no hay internet", surge la temible pregunta: y ahora, ¿qué hago?

Mil cosas. Todo se puede hacer cuando no hay internet. Todo lo que vengo postergando desde los años en que no había internet y las excusas eran otras. Todos los sueños, todo lo bueno, todo lo saludable, todo lo temido, todo lo que te hace mejor persona, todo lo que te hace mejor, sentir mejor. Todo.

Esta mañana con mi rutina de siempre, aun siendo domingo, pasé por Pinterest, pinché varias cosas y me topé con este cartel rojo, atractivo, desafiante y claro: dejá de pinchar y hacé cosas. Y no sólo lo pinché en mi tablero "Cosas para hacer" sino que lo guardé en mis imágenes y lo posteé en mi blog, por el que me puse a escribir sobre cómo internet se ha vuelto una clase de adicción en mi vida.


Dicho esto y viendo el post, no me queda más que despedirme de aquí por el momento.
Sepan disculparme. Tengo muchas cosas que hacer hoy.


¡Feliz domingo!

20120624

20120527

Cuentos al cuadrado






20120520

No sabía que tejías: Piezas únicas como vos

No sabía que tejías: Piezas únicas como vos: Orfebrería Pequeñas piezas únicas en alpaca con detalles de cobre y piedras naturales, de sencillas y clásicas técnicas de orfebre . ...

De esto hablaba un poco en el post anterior. Las manos de mi mamá siempre fueron sorprendentes y maravillosas pero esta vez me deslumbró con esta pieza de orfebrería. Me parece tan bella que la miro y admiro y vuelvo una y otra vez a la foto que le saqué cuando preparamos la feria para nuestras amigas. Todas la elogiaron extasiadas y admiraron esta faceta nueva de su amiga pero nadie se la llevó y en secreto, creo que no lo hicieron porque sabían que yo la quería para mi. Mmmm, no es negocio para mi mamá, lo entiendo, pero creo que las piezas encuentran a sus dueños y así como otras piezas de orfebrería que hizo ese día se fueron con sus nuevos dueños, ésta espera en casa... habrá que ver si elige irse o quedarse. Yo tengo un buen lugar para cobijarla: en mi pecho... o mi corazón. 

20120422

El hobby me llama

















Dos o tres veces al año nos juntamos con mi familia a ofrecer lo que sabemos hacer sin que nada tenga que ver con nuestras profesiones. Descubrimos hace poco tiempo que darse maña para otras cosas fuera de lo estrictamente profesional ofrecía placer desde flancos distintos.
Por un lado, para recuperar conocimientos que alguna vez una tuvo y ofrecerle al cerebrito un ejercicio para matar el envejecimiento prematuro obligándolo a salir de la rutina, así como el médico te "ordena" hacer gimnasia o deporte; y por el otro, por la libertad de poder elegir a cuál de todas esas habilidades querría dedicarle parte de mi tiempo libre, sin jefes, sin deadlines, sin dar explicaciones de por qué hoy tuve o no tuve ganas de hacer algo y con el feedback de la familia, los amigos y la propia autoestima.
Alguna vez aprendí a tejer, a coser punto cruz para hacer tapices, a pintar con acuarela y a dibujar técnicamente (motivada por mi extrema apreciación de la perspectiva aunque reconozco que me aburrió un poco). Aprendí fotografía (como todos en mi familia, alentados por mi papá, un gran fotógrafo ocasional), diagramación (cuando se usaba cartulina y letraset), escritura y varias cositas más, entre ellas, jugar al black-jack para ser croupier en Las Leñas.
De todas las cosas que uno aprende, se va quedando con lo que más le gusta. Definitivamente, el Casino no es para mi. Pero de todo lo demás, instintivamente fueron quedando habilidades que definen mi gusto y preferencia por tal o cual cosa. Siento una atracción inevitable hacia los libros, no sólo por su temática sino por su diseño. El diseño editorial es algo que poco he experimentado en mi carrera (aunque lo poco fue con gran éxito, con dos premios ganados por el Libro "El Trece - 50 años", para el cual trabajé como creativa y redactora) pero como consumidora, he dado mucho de mi tiempo y dinero, recorriendo y comprando ejemplares que me llamaron la atención por su diseño de tapa, la novedad de sus materiales y la calidad de sus fotografías.
En uno de mis viajes a Nueva York, me sumergí en la liquidación de Crate&Barrel (casa que nunca dejo de visitar) y quedé deslumbrada por los libros de cocina. El único libro de cocina por excelencia en lo de mi abuela era el de Doña Petrona. Muy actual para su época. Muy retro en la actualidad. Mami sumó algunos libros con temáticas muy específicas de su profesión pero contados eran los que tenían un diseño digno de admirar. Y ante mí, en aquella tarde neoyorquina, se alzaba una biblioteca blanca de varios estantes con libros de cocina y decoración, estratégicamente diseñados para que gente como yo, quedara petrificada y con la boca abierta. Esa tarde compré 4 libros. Entre ellos, uno específicamente sobre mi amigo incondicional, el que me acompaña desde la niñez y jamás me dio la espalda: el chocolate. Deslumbrada por ese libro en particular, pensé en darle un lugar destacado en mi cocina (que en aquel momento era un proyecto en papel) y el día que me mudé, fue lo primero que ubiqué. Pasó el tiempo y el libro cumplía sólo la función de decorar hermosamente el estante de la pequeña cocina hasta que un día, la soledad del domingo me invitó, no a mirarlo sino a leerlo. Ahí comenzó mi interés por el chocolate como fruto y sus derivados, naturales e industrializados. Fascinante. Durante un año, mi tiempo libre fue ocupado en aprender, esta vez, a degustarlo, a trabajarlo y a crear sobre sus variedades, maridajes y conservación. Por primera vez tenía un hobby. "Un hobby caro", me dijo una de las profesoras. Ante esa realidad, nació Amalia Chocoteca.
Mientras tanto, en mi mamá despertaba su habilidad para tejer (alentada por el interés particular de mi hermana por los tejidos) junto con su deseo de aprender joyería (un sueño largamente postergado). A esas actividades le dedicó gran parte de su tiempo libre y así nació "Nosabíaquetejías... y otras cosas". Esas otras cosas son las que han convertido a mi madre en una gran creadora de pequeñas joyas y hábil armadora de bijouterie. Llevamos tres encuentros realizados en conjunto para mostrar, a grupos de amigos y amigos de amigos, lo que hacemos con estas habilidades que ocupan parte de nuestros días. Son momentos de reunión que suman más placer al propio de cada actividad. Los disfrutamos. Conscientes de que cuando se conviertan en una obligación que supere al sentir placentero, serán rápidamente reemplazados por alguna otra actividad. Después de todo, Casinos siempre habrá y el black-jack se juega en todos lados...